domingo, 22 de marzo de 2009

Y más teatro

En 8 días he ido dos veces al teatro.

La primera fue para ver Hamlet. Pensamos en ir a ver la obra de Tomaz Pandur (en las salas de Matadero de Madrid), pero nos echó atrás ver que se trataba de una obra más experimental, así que optamos por la obra dirigida por Juan Diego Botto, en el teatro Buero Vallejo de Alcorcón. Dejemos aparte el teatro del que lo más destacado es que la acústica es horrorosa y se oye más el crujido de las butacas que a los actores en escena.

Yo había visto la película de Kenneth Branagh, pero no sabía qué me iba a encontrar en el teatro. Lo que vi, me gustó mucho. Me sorprendió que la interpretación de Juan Diego, en el papel de Hamlet, se pareciera tanto a la de Kenneth Branagh. Pero me gustó interpretación, vestuario, escenificación...

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La segunda fue para ver "Arte" de Yasmina Reza una genial obra que te hace reflexionar sobre la amistad ¿Cuándo comienza a romperse una amistad? ¿puede una simple anécdota acabar con ella? Son sólo tres personajes, cada uno en un rol bien diferenciado, dos de ellos en posturas enfrentadas, un tercero intentando agradar a todos sin ser capaz de afirmar su postura y en medio una discusión sobre un tema anecdótico que les llevará a investigar en el pasado el punto de ruptura. La discusión es agria y lo más sorprendente es que es una comedia, te ríes, tiene muy buenos puntos en los que la carcajada brota.

Lo que no me gustó en este caso fue la interpretación. Hay dos partes diferenciadas en la obra. Una en la que los personajes hablan entre sí, discuten más bien y otra en la que cada personaje explica por qué actúa como lo hace, reflexiona frente al público y da profundidad a la obra. Esa parte a mí me parece más íntima en la que la interpretación consistiría en hablar con sinceridad (las famosas palabras de chocolate de Antonio). Sin embargo ninguno de los tres les dio ese toque, mantenían el mismo ritmo y entonación que en el diálogo con los otros personajes, no tenía la sensación de que me estuvieran hablando a mí, sino que se mantenía la imagen de un actor diciendo un diálogo. Es verdad que el texto de la obra le da mucha fuerza, pero me dio la impresión de que confiaron en el texto y dieron menos importancia a la interpretación.

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